La gracia en acción

Encontrar la gracia en el límite

Roy Buenviaje ya ejercía como pastor en Manila cuando su deseo de profundizar en su formación teológica comenzó a tomar forma. Buscaba algo más que un título: quería claridad bíblica, una formación centrada en el Evangelio y una forma de seguir creciendo sin alejarse del ministerio que Dios ya le había confiado. Lo que encontró no fue solo una formación rigurosa, sino también una comunidad llena de gracia que le apoyó durante una de las etapas más difíciles a las que se enfrentaría su familia.
La gracia en acción

Encontrar la gracia en el límite

Roy Buenviaje ya ejercía como pastor en Manila cuando su deseo de profundizar en su formación teológica comenzó a tomar forma. Buscaba algo más que un título: quería claridad bíblica, una formación centrada en el Evangelio y una forma de seguir creciendo sin alejarse del ministerio que Dios ya le había confiado. Lo que encontró no fue solo una formación rigurosa, sino también una comunidad llena de gracia que le apoyó durante una de las etapas más difíciles a las que se enfrentaría su familia.
Encontrar la gracia en el límite
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El plan de estudios está centrado en Cristo y es de carácter práctico. El formato flexible en línea me permitió seguir ejerciendo mi ministerio mientras estudiaba.
Roy Buenviaje, de Manila (Filipinas), cursa actualmente un Máster en Teología mientras ejerce como pastor en la Iglesia Cristiana Internacional Doulos Faith. Su deseo de formarse en el seminario surgió de un objetivo sencillo pero firme: profundizar en su comprensión de las Escrituras y estar mejor preparado para dirigir y enseñar en el ministerio. Lo que más le atrajo fue una sólida base bíblica, una enseñanza clara centrada en el Evangelio y un compromiso con la claridad teológica.
La flexibilidad de la formación en línea también supuso una gran diferencia. Dado que este formato le permitía seguir activo en el ministerio mientras estudiaba, Roy pudo continuar prestando servicio sin tener que dejar de lado sus responsabilidades pastorales. Para él, el programa no solo era sólido desde el punto de vista doctrinal, sino también práctico y accesible para alguien que ya estaba profundamente comprometido con el ministerio.
A medida que Roy avanzaba en sus estudios, se sintió fortalecido no solo por el contenido de las asignaturas, sino también por la sensación de crecimiento espiritual y teológico que estas le proporcionaban. Valoraba que el programa fuera accesible desde cualquier país, asequible para los estudiantes internacionales y acreditado, cualidades que le conferían credibilidad tanto para el ministerio como para la formación superior. Sin embargo, para él, la experiencia iba más allá de la comodidad o las credenciales. Se trataba de crecer, formarse y prepararse para un servicio fiel.
En el ámbito académico, el recorrido resultó a la vez exigente y gratificante. A Roy le parecieron especialmente rigurosos, aunque muy enriquecedores, los cursos de lenguas bíblicas y teología. También valoró mucho los debates presenciales en clase, en los que los profesores abordaban con profundidad cuestiones teológicas de gran calado. Esa combinación de rigor académico y relevancia pastoral real contribuyó a que la experiencia en el aula resultara especialmente significativa.
Pero uno de los testimonios más claros de su trayectoria se produjo durante una etapa familiar sumamente difícil. Mientras intentaban compaginar el ministerio, las responsabilidades familiares y los estudios, Roy y su esposa también estaban cuidando de su suegra tras serle diagnosticado un cáncer de pulmón. Las visitas al hospital, las noches sin dormir y la carga emocional les dificultaban mantenerse al día con las lecturas obligatorias y los trabajos del curso. Llegó un momento en que Roy incluso pensó en abandonar todas sus asignaturas.
Lo que cambió todo en ese momento fue la generosidad que encontró gracias al sistema de apoyo de la universidad. Tras ponerse en contacto con un asesor académico, le animaron a hablar con sus profesores. Estos, a su vez, le dedicaron el tiempo y le prestaron la ayuda que necesitaba para completar sus estudios. Esa experiencia le dejó una huella imborrable. En un momento de dificultades, no se encontró con indiferencia, sino con paciencia, comprensión y apoyo.
«El personal y el profesorado fueron muy amables y siempre apoyaron a todos los alumnos».
Para Roy, ese espíritu de gracia no es solo una idea teológica. Se ha convertido en parte de su forma de entender el ministerio en sí mismo. Afirma que la gracia es más que una doctrina que hay que estudiar: es una forma de vida. El mensaje del amor incondicional de Dios y de la obra consumada de Cristo ha transformado su forma de dirigir, predicar, enseñar, orar y ver a las personas.
Esa transformación es el núcleo de su historia. El seminario le ha ayudado a manejar la Palabra de Dios con mayor claridad y a formar a otros discípulos con una convicción más profunda. Pero las raíces de ese deseo se remontan aún más atrás. Roy sintió la llamada al ministerio por primera vez mientras trabajaba como músico profesional y teclista de sesión para artistas locales en Filipinas. Durante esa etapa, comenzó a acercarse a otros músicos y a organizar grupos pequeños de estudio bíblico. Él y su esposa también pusieron en marcha un grupo de estudio bíblico en el lugar de trabajo de ella. Con el tiempo, esas reuniones se convirtieron en una pequeña iglesia.
Ese crecimiento despertó en él el deseo de una mayor claridad doctrinal. Quería asegurarse de que su pasión por el ministerio se basara en una teología sólida. El seminario se convirtió en el lugar donde esa pasión pudo fortalecerse, perfeccionarse y alinearse más plenamente con las Escrituras.
«La gracia es más que una doctrina que hay que estudiar. Es una forma de vida».
Al echar la vista atrás, Roy considera que la formación teológica no es solo un camino hacia la obtención de un título, sino un camino de discipulado. Ha moldeado su forma de servir a la Iglesia, ha aclarado el mensaje que proclama y le ha proporcionado las herramientas necesarias para ejercer su ministerio con mayor integridad. Su recomendación es clara: este camino es para quienes desean conocer la Palabra, vivir por la gracia y servir fielmente a la Iglesia.
La historia de Roy nos recuerda que la formación teológica puede hacer mucho más que agudizar la mente. Puede sostener a un pastor en los momentos de sufrimiento, profundizar su convicción en el Evangelio y fortalecer toda una vida de ministerio. Para quienes buscan profundidad bíblica, claridad pastoral y una comunidad llena de gracia, su trayectoria ofrece una imagen convincente de cómo puede ser esa formación.

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