La gracia en acción
Encontrar la gracia en el dolor del ministerio: lo que todo líder necesita escuchar
Para Ethelbert de León, la formación teológica se convirtió en algo más que un camino de crecimiento académico. Se convirtió en un lugar de sanación, aliento y renovación de su propósito. Residente en Filipinas, Ethelbert ha obtenido varios títulos en ministerio y estudios bíblicos, y actualmente continúa su formación teológica. A lo largo de este camino, encontró un aprendizaje en línea accesible, mentores que le brindaron su apoyo y una comunidad llena de gracia que le sostuvo durante una de las etapas más difíciles de su vida y le abrió nuevas puertas para el servicio.
La gracia en acción
Encontrar la gracia en el dolor del ministerio: lo que todo líder necesita escuchar
Para Ethelbert de León, la formación teológica se convirtió en algo más que un camino de crecimiento académico. Se convirtió en un lugar de sanación, aliento y renovación de su propósito. Residente en Filipinas, Ethelbert ha obtenido varios títulos en ministerio y estudios bíblicos, y actualmente continúa su formación teológica. A lo largo de este camino, encontró un aprendizaje en línea accesible, mentores que le brindaron su apoyo y una comunidad llena de gracia que le sostuvo durante una de las etapas más difíciles de su vida y le abrió nuevas puertas para el servicio.
Doy gracias a Dios por haber tenido otros compañeros en Grace que también se encontraban en situaciones similares, con quienes compartimos experiencias y nos animamos mutuamente.
Ethelbert de León, de Filipinas, ha recorrido un extraordinario camino en su formación teológica, tras haber obtenido un Máster en Ministerio, un Máster en Estudios Bíblicos y un Máster en Teología, y actualmente continúa sus estudios en un programa de Máster en Teología. Paralelamente a sus estudios, ejerce como líder voluntario de un grupo de discipulado para estudiantes y como mentor de estos, ayudando a animar a sus compañeros en su crecimiento en el ministerio y en su formación teológica.
Comenzó sus estudios hacia el final de la pandemia, una época en la que muchos estudiantes aún se enfrentaban a la incertidumbre y a la transición. En aquellos primeros días, el personal de apoyo al éxito estudiantil desempeñó un papel fundamental a la hora de ayudarle a dar los primeros pasos. Recuerda su paciencia y su disposición a atender sus inquietudes, lo que contribuyó a que la transición a la formación teológica en línea fuera más fluida y acogedora.
«Me facilitó mucho las cosas… Puedo asistir a clase desde la comodidad y la seguridad de mi casa».
La accesibilidad de la formación en línea fue uno de los motivos principales por los que esta opción le resultó tan adecuada. El hecho de poder asistir a clase desde casa le permitió estudiar con seguridad y comodidad, al tiempo que reducía los gastos derivados de los desplazamientos y los traslados diarios. También valoró enormemente las becas disponibles para los estudiantes que residen fuera de Estados Unidos, lo que hizo que la formación teológica fuera aún más accesible.
Sin embargo, lo más determinante de la historia de Ethelbert no fue la conveniencia, sino lo que ocurrió en medio de su dolor personal. Durante su primer año de estudios, vivió una experiencia muy dura en su iglesia local, donde había prestado servicio durante 16 años. Aquella etapa fue dolorosa y desorientadora. Pero incluso allí descubrió que la formación teológica no era solo una experiencia académica. Se convirtió en un lugar donde Dios le proporcionó comunidad y ánimo.
Gracias a su participación en un grupo de formación de discípulos para estudiantes, Ethelbert encontró a otras personas que también estaban atravesando circunstancias difíciles. En ese entorno, los estudiantes pudieron compartir sus experiencias, animarse mutuamente y recordarse unos a otros la fidelidad de Dios. Lo que comenzó como una fuente de apoyo en sus propias dificultades acabó convirtiéndose en un nuevo ámbito de servicio. Más tarde fue invitado a dirigir ese mismo grupo de formación de discípulos para estudiantes, lo que le permitió acompañar a otros de la misma manera en que él había sido atendido.
Pronto se presentó otra oportunidad. Ethelbert también fue invitado a ejercer de tutor de estudiantes, ayudando a los nuevos alumnos a familiarizarse con el entorno de aprendizaje en línea y a orientarse en el proceso de los estudios teológicos. Lo que más llama la atención de su historia es que esa etapa de dificultades no terminó en el aislamiento. Al contrario, se convirtió en un contexto en el que Dios le abrió las puertas para servir, fortalecer y guiar a los demás.
Entre las lecciones más importantes que Ethelbert dice haber aprendido se encuentran dos verdades que han marcado tanto su teología como su vida. La primera es la confianza en la evangelización. Nos cuenta que llegó a comprender que tiene éxito cada vez que habla de Jesús a los demás. Para alguien que se describe a sí mismo como introvertido, esto se convirtió en un gran estímulo para obedecer fielmente a Dios cada vez que surgía la oportunidad de dar testimonio.
La segunda lección es aún más personal: su identidad como hijo de Dios. Aprendió más profundamente que no hay nada que pueda hacer para que Dios lo quiera más, ni nada que pueda hacer para que Dios lo quiera menos. Esa verdad le proporcionó estabilidad, seguridad y paz, no solo en sus estudios, sino también en la vida y en el ministerio.
«No hay nada que pueda hacer para que Él me quiera más… ni nada que pueda hacer para que Él me quiera menos».
Cuando Ethelbert reflexiona sobre su experiencia, habla con cariño no solo de lo que aprendió, sino también de las personas que le enseñaron. Describe a los profesores como algo más que docentes competentes. Para él, eran pastores que cuidaban muy bien de sus alumnos. Esa dimensión pastoral le causó un impacto duradero y ayuda a explicar por qué recomienda tan encarecidamente este camino a otras personas que estén considerando cursar estudios de teología.
Su historia nos recuerda que la formación teológica puede ser algo más que una preparación académica. Puede ser un lugar donde Dios fortalece la identidad, restaura la confianza y abre nuevas vías de ministerio. Para quienes anhelan crecer en el conocimiento de la Biblia y, al mismo tiempo, contar con el apoyo de una comunidad solidaria, el recorrido de Ethelbert ofrece una imagen convincente de cómo puede ser esa formación.
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